
Definir Alan Wake en cuatro palabras es sencillo: una obra de arte. No solo por su innovadora y adictiva jugabilidad en donde sentimos que tenemos control total sobre el personaje, sino por la calidad de sus gráficos, la capacidad del guion de atrapar al jugador dentro de una historia única, y por su contexto narrativo que simula una serie televisiva de misterio y terror.
Adentrándonos en el papel de un atormentado escritor que perdió su inspiración para escribir, su esposa le regala unas vacaciones en un tranquilo poblado boscoso. Allí, encontrarán una oscuridad arcana que desembocará terrores inimaginables para la mente de Alan.
Lo que encontraremos en primera instancia es una aventura en tercera persona, con buenos momentos de misterio sumado a escenas de acción pura donde quedaremos sin aliento intentando sobrevivir tan solo con una linterna y un par de balas en nuestro revolver.
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